A raíz de la violenta situación vivida en Barcelona cuando manifestantes antifascistas y Mossos d’Esquadra se enzarzaron en un enfrentamiento saldado con varias personas heridas entre policías y manifestantes, media docena de detenciones y algunos destrozos en el mobiliario urbano, el Diario El País ha hecho una encuesta entre sus lectores.
La pregunta es la siguiente:
¿Se deberían prohibir las manifestaciones de grupos radicales?
Y las dos posibles respuestas las siguientes
Sí, por el mayor riesgo de enfrentamientos que representan
No, siempre debe prevalecer la libertad de expresión
Bien, pues el resultado a las 20’00 horas era que un 68% de l@s votantes se mostraban partidarios de prohibir las manifestaciones de grupos vagamente denominados como “radicales”, mientras que sólo un 31% era favorable a la prevalencia de la libertad de expresión.
Aparte del comentario que merece que los periódicos “oficiales” pongan el apellido “radicales” a cualquier expresión social y política que se salga minimamente de los cada vez más estrechos cauces del sistema político que consiste en votar cada cuatro años a una de las dos indistinguibles opciones que nos presentan para que después tomen por nosotr@s todas y cada una de las decisiones que nos afectan, asusta contemplar como progresivamente avanzamos hacia una sociedad del todo inquietante.
Los lectores y lectoras del que no hace tantos años era el periódico de los progres apuestan por la total dimisión de lo que ellos mismos nombran como “estado de derecho” y por la instauración de prohibiciones y medidas de control social que hace una década ni los sectores más recalcitrantes de la derecha se hubieran atrevido a proponer.
Para este viaje no hacían falta alforjas. Al final la única novedad con respecto al franquismo que aquellos progres se vanaglorian de haber combatido va a ser que en vez de un dictador hay un presidente de turno que pertenece a uno de los dos partidos que monopolizan la escena política y mediática. Por todo lo demás, ninguna diferencia.
Si esto no es avanzar hacia una sociedad totalitaria, que venga Dios y lo vea.
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