Impactadas por la gran energía y las profundas teorías que Mujeres de Negro de Belgrado nos supo transmitir, confluimos en Sevilla un grupo de mujeres de diferentes procedencias: feminismo, mujeres del MOC(movimiento de objeción de conciencia), del mundo de la pedagogía…. Las palabras e ideas que conformaban su activismo eran, aparentemente, fáciles de entender en cuanto a ¿“qué mujer por el hecho de serlo no estaría de acuerdo con sus planteamientos?; pero difícilmente desentrañables desde nuestra concepción de la vida, inmersa e imbuida de la visión patriarcal del mundo, que con la sutilidad de su discurso atrapa nuestras mentes en una gran telaraña de la que es complicado desprenderse.
Pues bien, en esas disyuntivas hemos andado hasta que nos convertimos en Mujeres de Negro, después de haber ido desvelando, poco a poco y como un proceso personal, que para ser mujer feminista y antimilitarista hemos de conocer las claves para interpretar el modo en que los largos tentáculos del poder patriarcal, a través de su sistema de orden militar, invade y contamina las diferentes situaciones de la vida, desde las más lejanas hasta las más cercanas e inmediatas.
Tomar conciencia de que la militarización de la vida cotidiana es un hecho imperceptible pero real y muy eficaz para nuestros poderes, supone ir a la raíz de los conflictos y de la violencia que se genera en nuestro planeta y de esta forma poder descontaminarnos, desenmascararlos y hacer patente nuestro empeño en resolverlos.
Es ésta una reflexión que nos permite comprender lo que supuso para nuestro pueblo la entrada a la OTAN y lo que esta alianza entre Gobiernos y Estados ha supuesto en el día a día de nuestra historia.
Nuestro Gobierno entró a formar parte de esta estructura militar aún a sabiendas de no contar con el apoyo de una gran parte de la sociedad civil que salía de la opresión y sometimiento creados durante 50 años por un régimen militar. La oposición a éste había sido duramente castigada y las huellas de las violencias que generan el miedo y la falta de libertad eran todavía muy recientes. Salíamos de un sistema de gobierno patriarcal militar que había calado bien hondo en nuestros hábitos y formas de vida. La lucha llevada a cabo desde diferentes ámbitos y sectores de la sociedad contra éste había dado lugar, entre otros, al desarrollo de un movimiento pacifista. La negación al servicio militar, la insumisión, el conocimiento más tarde - cuando por fin pudimos optar por un nuevo sistema de gobierno - de lo que estaba ocurriendo en algunos otros pueblos como el yugoslavo, u otros gobiernos del Bloque-Este, nos ayudaron a entrar en debates y teorizaciones sobre la militarización, que fueron dando lugar a un pensamiento antimilitarista del que participamos hombres y mujeres.
Por eso, formar parte de la OTAN fue todo un proceso duro, frustrante y lleno de desencanto. El debate antimilitarista es asumido por las mujeres que continúan, desde un pensamiento feminista, haciendo análisis ellas solas. El antimilitarismo feminista es una forma diferente de conocer e interpretar el mundo, tal vez nueva, puesto que evidencia la violencia que todo lo militar ha ejercido sobre las mujeres: desde la jerarquización en la vida familiar, la pobreza y el olvido, hasta las violaciones en las zonas de conflicto.
La constatación por parte de nuestros gobiernos de que este movimiento puede ser un gran revulsivo hacia sus planes con respecto a la OTAN, hace que se aligere en tomar algunas “medidas” que distraigan las posibles denuncias y reivindicaciones a las que las mujeres podríamos llegar.
La OTAN, que nos la presentaron como lejana, extraña y no preocupante (un trámite al que hay que darle salida) y, más aún, nos aseguraron que no iba a interferir en nuestro país que disfrutaba y disfruta de una situación de “paz”, se convierte con el tiempo en un efecto “bumerang” que en cada ida y vuelta nos intoxica con una problemática cada vez mayor que genera una violencia, también, cada vez más acuciante.
Con ella, con la OTAN- brazo armado de los Gobiernos para la defensa de la globalización brutal del mundo, en la que ya no estamos sumegid@s sino ahogándonos- hemos aprendido a tener miedo al otro, sobretodo al mundo árabe que ha sido constituido en nuestro gran enemigo. Con gran habilidad nos han dirigido hacia la creación de fronteras mentales y físicas que nos han predispuesto a la intolerancia, la humillación y la prepotencia frente al sometido. Si nos fijamos bien este acto procede de un pensamiento muy militar que instala sus valores en nuestras vidas, creándolos desde el concepto de miedo y bloqueando nuestra conciencia. Así, logran que percibamos la “defensa” y la “seguridad” con imperante necesidad y hábilmente utilizan estrategias que nos conducen hacia un planteamiento de vida desprovisto de afecto y sensibilidad hacia los demás seres, especialmente hacia los que no conocemos. De esta manera, se convierte en una tarea relativamente fácil justificar la ocupación y el genocidio del pueblo palestino, la invasión de Irak, la ocupación de los pueblos por los ejércitos humanitarios o no, la violación constante de pueblos y personas, de sus tierras, sus tareas, sus seres queridos…
Como una tabla de salvación y como medidas que se han ido abordando, la incorporación de las mujeres al ejército ha sido considerado por parte del patriarcado todo un éxito que da respuesta al debate de la igualdad; otra estrategia más con la que ha pretendido dar una imagen más humana del ejército. Sin embargo, ésta es una nueva trampa de la militarización: la entrada de las mujeres en el orden militar no ha cambiado ni el modo de intervenir, ni la organización , ni las estructuras de poder. Se ha basado en una igualdad ideada y mantenida por el machismo que emana del ejército y que no ha tenido reparos en utilizar aquellos rasgos más afectivos, tiernos, sentimentales que se adjudican a las mujeres pensando que con su llegada a la institución militar, ésta puede dar una imagen maternal protectora y compasiva.
Nuestras reflexiones nos han ido llevando a desvelar cómo funcionan los gastos militares, la venta y tráfico de armas, la inmigración, la destrucción de la vida de nuestro planeta, la feminización de la pobreza…
Hoy, tenemos claro que aquello que nos vendían desde la lejanía ha intoxicado nuestras vidas y se ha acomodado en ellas haciéndose imprescindible, tanto en las relaciones de las personas, como de los pueblos. Relaciones de jerarquía, miedo, opresión, prepotencia… Relaciones que nos invitan a sentirnos dueñ@s del planeta.
Nos viene al pensamiento la imagen de la lluvia ácida que nos devuelve en el patio de nuestra casa la porquería que, desde lugares secretos, remotos se está produciendo, según nos dicen para nuestro beneficio.
Las mujeres feministas y antimilitaristas, mujeres del pacifismo, nos negamos a pensar que todo esto no tiene otras alternativas, que la solución a los conflictos pasa por el ejército. Sabemos por años de experiencia de ser mujeres que la violencia genera violencia y toda resolución de conflictos centrados en la violencia es avanzar en el dolor y la muerte de la vida. Nuestro sueño consiste en ser capaces de crear y recrear a través de nuestra inmensa y tupida red de trabajo, afectos, ternura y energía, la fuerza para romper los muros mentales que desde un sistema patriarcal militarizado y militarista nos han ido y siguen construyendo. Seguir diciendo ¡NO a la OTAN! nos reafirma en nuestra resistencia a la violencia, al patriarcado y sus ejércitos, y nos da poder para “expulsar a los militares y sus guerras de la historia”.
Mujeres de Negro de Sevilla
Sevilla, Marzo 2009
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