Casadelapaz, vivencia en Estrasburgo
Ya de vuelta de “nuestra experiencia” antimilitarista en Estrasburgo, queremos compartir con vosotr@s lo que ha sucedido, aunque las palabras no siempre alcanzan para expresar ciertas situaciones y vivencias.
Como en la vida misma, ha habido momentos para todo: para emocionarse, para aprender, para reír y disfrutar, para comunicar… pero también para dudar y temer. Y al final, para volver a reflexionar sobre temas ya tan trillados que creíamos tener definitivamente claros. Porque hay que volver a situarse en un mundo continuamente cambiante en cuanto a las diferentes violencias y a los lugares de donde proceden.
En estos días ha habido mucha violencia, mucha represión, demasiado terror militarista en una ciudad totalmente tomada por la violencia de las armas. El despliegue de la fuerza militar ha sido todo un ejemplo de lo que no debería ser la vida nunca, en ningún lugar. Y continuamente se nos venia a la mente lo que debe ser el cotidiano en Afganistán, Irak, Palestina… y en tantos otros lugares del mundo donde se ha instalado de manera sistemática y continua, formando parte de “la vida” diaria.
Entendemos que, en estas condiciones, se den actos de violencia por parte de la gente que la sufre, resultado de un continuo sentimiento de frustración y rabia, ante la impotencia de ir mas allá de ninguna otra forma posible. Pero, desde nuestra conciencia de activistas de la noviolencia, tenemos que detenernos y analizar esta otra forma organizada de violencia patriarcal que parte de grupos organizados y que no valora ni respeta todo el trabajo de décadas por parte de tantas personas y organizaciones que estamos en el camino del análisis y la transformación para acabar, justamente, con todo esto.
Lo que ha sucedido en Estrasburgo el día 4 de Abril en la manifestación ha sido una demostración de fuerza y brutalidad entre dos grupos violentísimos que se han puesto a pelear entre ellos como si de dos bandas de “machitos” se tratara, usando cada uno sus armas y tácticas, y sin tener en cuenta en ningún momento a los miles de personas que quedaban atrapadas en el fuego cruzado. Y hay que decir que allí había niñ@s con sus padres, ancian@s, personas con muletas, ciegas o imposibilitadas. No hubo respeto por nadie. Cada quién tuvo que salir como y por donde pudo, escondiéndose a ratos, a ratos pidiendo en las sucesivas barreras policiales - ¡con los brazos en alto como si de malhechores se tratara! – que nos permitieran pasar y no nos disparasen.
Ha sido, no sólo indignante, sino un paso atrás en la imagen que se ha dado de lo que los movimientos de la noviolencia somos. Indignante, frustrante, lastimoso. Porque además, (y habría que averiguar cuánto de responsabilidad tienen los propios poderes militaristas en todo este fregao) la fuerza represora militar ha quedado como la protectora de todos nosotros en la situación producida.
¿Querréis creer que nos resultaba más terrorífico estar rodeadas por los black-bloq que por los militares…? No sabéis qué violencia arrastran estos jóvenes, entre los que tristemente encontramos algunas jovencitas. Tan es así que, tras poder salir D.N.I. en mano por la última barrera policial, después de horas de andar perdidas y siempre sitiadas, a km. de la ciudad, en medio de una marea humana tan cansada, deprimida y desolada como nosotras, nuestra conclusión primera era que no debemos volver a repetir esta experiencia. Desde el pensamiento de mujeres feministas antimilitaristas no debemos permitir que los locos violentos de turno se aprovechen de una cobertura como la nuestra – con todo el trabajo y esfuerzo de años, de generaciones – para sentirse arropados y hacer explotar en medio su locura. Para arrastrarnos, ante la opinión pública, a la imagen de los “manifestantes violentos”, como podíamos leer ayer en El País, nada más aterrizar en Barajas. Para destruir tanto en tan poco tiempo…
Y no penséis que estamos exagerando. Sabemos que, si alguien nos contara esto mismo sin haberlo vivido nosotras, tal vez intentaríamos justificar a los jóvenes violentos. Ya lo hemos hecho otras veces, pensando que era una intoxicación del poder. Pero ahora no es así, os lo podemos asegurar. Creemos que es el momento de analizar, con tranquilidad, todo lo sucedido para ver cómo seguimos andando. Para reforzarnos y no dejarnos arrebatar las conquistas ya logradas. Es lo que deseamos hacer con vosotr@s. En la esperanza de seguir abriendo caminos para la paz desde nuestra filosofía de la noviolencia.
Sofía y Mª Angeles
En Sevilla, a 6 de Abril de 2009
Bloqueo a la OTAN en Estrasburgo: éxito y vergüenza
Nueva denuncia
Esto lo ha escrito una de las amigas que vino para hacerun documental sobre MdN. Aporta mas sobre lo que hemos escrito.
Mas besos
Sofia
CRÓNICA DEL PÁNICO EN ESTRASBURGO
La imagen de un anciano pacifista septuagenario de pie, solo, gritando repetidamente “¡Arretez!” (¡deteneros!) con el rostro granate por la desesperación rodeado del humo blanco del gas lacrimógeno, del humo negro de las barricadas, del sonido de los disparos del gas de la policía, de los helicópteros, de los gritos y las correrías de los miembros del grupo radical antisistema Black Block, policías y pacifistas, refleja la desesperación, humillación e indefensión de los que acudimos el pasado sábado 4 de abril a la manifestación por la paz y en contra de la OTAN en Estrasburgo.
Una compañera y yo acudimos a las conferencias anti-OTAN que se realizaron en la capital de Alsacia para entrevistar a algunos de los ponientes e, ingenuamente, decidimos atender la manifestación del sábado creyendo que formaríamos parte de una importante expresión multitudinaria a favor de la paz y la antimilitarización. En lugar de eso, experimentamos la que quizás, hasta el momento, ha sido la peor experiencia de nuestras vidas.
El recinto que las autoridades concedieron a los manifestantes para realizar la marcha estaba ubicado a unos 10 km del centro de la ciudad y sólo se podía acceder a pie ya que todo el transporte público había sido suspendido. La estrategia disuasoria incluyó además que la policía cortase todos los accesos directos posibles y nos confundieran una y otra vez mintiendo en sus indicaciones de manera que tardamos casi 3 horas en llegar al Puente de Europa, el principal acceso al recinto al que llegamos sobre las 13:20, momento en que no se nos puso ningún impedimento por parte de la policía para entrar. Cuando cruzamos el puente no podíamos entender lo que estaba ocurriendo: nos encontramos rodeadas de cientos de Black Block destrozando todo lo que podían con piedras y barras metálicas y unas instalaciones deportivas ardiendo en un gran incendio. La imagen nos consternó como es lógico, pero se agravó mucho más cuando comprobamos que la policía permanecía atrincherada sin intervenir, tan sólo grabando con cámaras de video lo que estaba ocurriendo. Estamos hablando de un recinto en el que había miles de personas, cientos de ellas extremadamente violentas y un poderoso incendio que los bomberos no podían apagar por orden de la policía. Y de repente se desató la locura: se nos bombardeó con gas lacrimógeno por tierra y aire de manera que nos veíamos obligados a huir en la dirección que la policía quería, los Black Block iniciaron sus ataques con lanzamiento indiscrimando de piedras, las huídas en masa se producían intermitentemente y descubrimos lo peor de todo: los accesos al recinto estaban cerrados por la policía y no se nos permitía salir de allí.
Desde las 13:20 que entramos hasta las 18:30 aproximadamente que pudimos escapar (no sin antes mostrar nuestros pasaportes) puedo afirmar que estuvimos el 90% del tiempo intentando huír y buscando una salida.
La estrategia policial fue muy clara: encerraron a unos 5000 manifestantes pacifistas con un “ejército” de entre 2000 y 3000 Black Block (que llegaron incluso a crear una barricada arrastrando dos vagones de tren) dejando que el caos, la violencia y el pánico se apoderase del lugar, contribuyendo por su parte a alimentar todo esto con ataques puntuales e indiscrimandos con gas lacrimógeno. Aquello se convirtió en una ratonera en la que los pacifistas nos convertimos en ratas atrapadas entre dos ejércitos enfrentados: la policía y el Black Block.
Lo ocurrido es sin ningún tipo de duda la supresión absoluta del derecho a la libertad de expresión y del derecho a la manifestación por parte de unas autoridades que legitiman la violencia de los grupos radicales antisistema para justificar y amparar tal abolición. La estrategia policial puso en serio peligro la vida de todos los que estuvimos allí (tuvieron el “detalle” de prohibir la entrada a los niños, pero había mucha gente mayor, incluso ancianos) dejando que reinara la anarquía de los violentos que está resultando de tanta utilidad a nuestros gobiernos soberanos.
Mi frustración aumenta todavía más al comprobar que ningún medio de comunicación ha explicado lo que allí ocurrió de verdad (y no por falta de periodistas, que los había desde luego, alguno incluso herido a pesar de sus cascos y máscaras para el gas). Las únicas imágenes que se dan de los incidentes son las del incendio (que la policía prohibió apagar) y las de los radicales del Black Block destrozándolo todo (con el beneplácito policial) Nadie ha hablado de la encerrona, de la angustia y el miedo de los que nos vimos allí atrapados, de cómo pudo haber ocurrido una tragedia por culpa de la actitud policial que en ningún momento nos protegió de la ira exacerbada de los antisistema y que encima nos bombardeó varias veces con gas lacrimógeno…Y no hagáis caso de alguna imagen que circula por internet de la policía permitiendo a la gente salir, sólo lo hicieron cuando hubo cámaras delante. Una chica estuvo inconsciente más de media hora y tampoco la sacaron de allí, la asisitieron los bomberos en su propio camión. Una vez más, nuestra única posible puerta a la verdad, los medios de comunicación, sucumben a convertirse en los hilos de nuetros dementes titiriteros.
La nota final tuvo lugar al día siguiente cuando los compañeros activistas recogían sus tiendas en el campamento y la policía les obligó a ponerse en fila para anotar sus nombres, el número de pasaporte y grabar sus rostros con una cámara de video. La última vejación antes de dejarnos ir.
Finalmente, me dirijo a los pacifistas que no quieren hablar de lo ocurrido amparándose en que se desvía la atención de lo que es verdaderamente importante, es decir, los nuevos acuerdos de la OTAN pactados durante la cumbre. A mí me parece igual o incluso más grave que los acuerdos, la abolición del derecho a la libertad de expresión que está teniendo lugar con la más absoluta impunidad en la democracia europea en la que creemos vivir (y no me refiero sólo a estos hechos, sino a todas las manifestaciones que se producen en Europa que se convierten en auténticas batallas campales). Si los movimientos pacifistas se niegan a asumir la gravedad real del contexto actual jamás encontrarán una vía verdaderamente útil para intentar cambiar las cosas. Un ex soldado americano desertor de la guerra de Iraq dijo en una ponencia que la primera víctima de la guerra es la verdad. Yo añado que la primera víctima del fascismo es la libertad.
Ha sido una experiencia traumática y humillante y desde luego, para mí, hay un antes y un después de Estrasburgo. De vuelta a casa uno no sabe cómo continuar después de lo ocurrido. En cada calle, en cada tienda, en cada rostro, no puedo evitar ver a aquel ingeuo Jim Carrey de El Show de Truman que cada mañana saludaba a sus vecinos con un irritante “Por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches”.
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