MADRID.- Más de una treintena de activistas de Greenpeace han asaltado este jueves las oficinas en Madrid de la empresa Explosivos Alaveses Sociedad Anónima (EXPAL), fabricante de armamento de guerra y de bombas de racimo.
El asalto se produjo antes de las 10.00 en la zona de los recintos feriales de Ifema, en la capital. Tres escaladores desplegaron desde la azotea una pancarta gigante con la imagen de un niño mutilado por este tipo de armas donde se podía leer ’Expal fabrica bombas de racimo que mutilan’. El motivo de la organización era exigir la prohibición de la producción, utilización y comercialización de las bombas de racimo.
Algunos miembros de Greenpeace llegaron hasta la quinta planta, donde se encuentran la polémica empresa, mientras otro grupo llenaba el vestíbulo del edificio con imitaciones de prótesis y siluetas de personas amputadas.
Trabajadores de la empresa de armamento agredieron a los fotógrafos, que estaban siguiendo el asalto de los activistas de la organización ecologista. A uno de ellos le han agarrado por el cuello y le han roto la cámara. Los propios miembros de Greenpeace también fueron agredidos.
Mientras se producía el encontronazo en la quinta planta, cinco furgones y cuatro coches de la policía llegaron al edificio para obligar a los ecologistas a abandonar las instalaciones. Una decena de agentes se parapetó en el vestíbulo del edificio para impedir la entrada de cualquier persona ajena a las empresas que ocupan el inmueble.
Los miembros de Greenpeace entregaron a los máximos responsables de Expal una copia de una prótesis y un vídeo con el testimonio de un joven camboyano mutilado por este tipo de armamento que se dirige directamente a los fabricantes españoles: "Gracias por escucharme. Espero que dejéis de usar y fabricar bombas de racimo. Quiero enseñaros personalmente el resultado de vuestros productos. Por ello, me gustaría ofreceros esto como símbolo de vuestras acciones, como símbolo de lo que producís y como símbolo del efecto que tenéis en el mundo. Gracias". El regalo que realiza el camboyano de 18 años, Sot, a los fabricantes son las prótesis de sus brazos.

La oportunidad de Dublín
Mabel González, responsable de la campaña de desarme de Greenpeace, ha recordado que "el 98% de las víctimas de estas armas son civiles". Como ya sucediera hace diez años con las minas antipersonales, González aboga por la prohibición total de un armamento que no respeta el derecho internacional.
La organización ha aprovechado la celebración de una conferencia internacional sobre este armamento, que está teniendo lugar en Dublín, para entrar en una de las fábricas de explosivos más importantes de España: Expal.
En Dublín, más de 100 gobiernos participan en las negociaciones de un tratado para prohibir la fabricación, la venta y el uso de estas armas, que siguen latentes tiempo después del final de un conflicto, mutilando a civiles y violando el derecho internacional.
La postura inicial del Gobierno español sobre el problema se acercaba a la de las organizaciones que apoyan la erradicación. En la Conferencia de Oslo, el Ejecutivo español -junto a 45 países más- firmó una declaración que abogaba claramente por la eliminación de las bombas de racimo.
Sin embargo, meses después, en la Conferencia de Viena, España comenzó a acercarse más a la postura de la industria defendiendo la eliminación de un grupo de estas bombas, permitiendo otras más avanzadas tecnológicamente. La respuesta de la compañía
Expal, que comparte mercado en España con Instalaza, ha lanzado un comunicado en el que asegura que "no lleva a cabo actividades ni comerciales ni industriales en productos que eventualmente pudieran ser incluidos en la denominación de bombas de racimo".
Sin embargo, tal como se publicó en el BOE del viernes 4 de agosto de 2006, Expal recibió en un contrato de mantenimiento de las bombas BME-330, una variedad de las bombas de racimo construida por esta empresa desde los años 80. Por otra parte, el Ministerio de Defensa publica en su web que el Ejército español cuenta con este tipo de arma fabricada por dicha empresa.

Mabel González ha intentado reunirse con los directivos de la empresa, pero no han aceptado. Los activistas que accedieron a la quinta planta han declarado que los trabajadores de Expal negaban constantemente que su empresa fabricara bombas de racimo.
"No se van a reunir con nosotros. No quieren escucharnos. Ya lo habíamos intentado antes con el mismo éxito", ha explicado González.
Los bomberos, que llegaron con la misión de descolgar a los activistas que custodiaban la pancarta en la azotea, se marcharon sin realizar el trabajo. Al final, cuatro horas después del incio de la acción, los tres escaladores han abandonado el edificio con la pancarta por su propia voluntad.
El hermetismo que rodea a la empresa ha sido violado este jueves con la intromisión de Greenpeace. Dos jóvenes que trabajan en una de las diez empresas con las que comparte Expal edificio han asegurado sorprendidas: "No sabíamos nada. Nunca imaginamos que la última planta fuera las oficinas de una empresa de explosivos".
Artículo de opinión sobre la acción que tomamos de la bitácora "Estoy Descentrado", donde se puede leer con numerosos enlaces.
Activistas de Greenpeace asaltan la sede de una empresa de armamento en Madrid
Disculpen ustedes, les he tenido un poco abandonados, pero es que he empezado a trabajar de nuevo y no doy abasto. Recientemente diez antimilitaristas allanaron la Base de la OTAN en Bétera, y ahora los de Greenpeace -organización que es muy oportunista, aunque hay que reconocerle sus méritos- adelantan a las organizaciones antimilitaristas por la izquierda y nos sorprenden con una acción verdaderamente ejemplar.

Me parece muy mal eso de que los empleados de Explosivos Alaveses Sociedad Anónima-EXPAL agredan a activistas y fotógrafos en una acción de corte pacifista... ¿mala conciencia? Nada, nada, eso se quita fácil: cambiando de empleo. Si hasta las y los militares, en las múltiples ocasiones en las que el movimiento antimilitarista se manifiesta, precinta y/o allana sus intalaciones militares, en general saben comportarse con profesionalidad, me pasma la actitud de los trabajadores de EXPAL. Ellos niegan que ahí se fabriquen armas de racimo, pero el Ministerio de Defensa lo confirma. ¿A quién creemos, que ganaría el Ministerio mintiendo? nada. ¿Que ganaría EXPAL? evidente, intentar lavar su imagen corporativa y que sus empleados se sigan autoengañando un tiempo más... recordemos que el 98% de las víctimas de este tipo de armamento son civiles. Paradójico, ¿verdad?
Les dejo, recordándoles que sigue el debate abierto sobre la presencia de ciertos sindicatos en empresas que tienen relación con la industria armamentística, en sentido amplio, aunque no se fabriquen en éstas lugares artefactos tan nocivos como son las bombas de racimo. Me despido por hoy, espero que me hayan echado de menos tanto como yo a ustedes.
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