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Los desaparecidos de Iraq Traducción para IraqSolidaridad de Sinfo Fernández "Pero no importó cuantas veces fueron hasta allí: nunca consiguieron una respuesta positiva. Incluso una de las veces un soldado estadounidense amenazó a la madre con arrestarla y ponerle una capucha negra en la cabeza si no se marchaba. El soldado dijo que su madre tampoco le veía a él desde hacía seis meses. De nuevo la familia le buscó por todos los ministerios y las organizaciones de Derechos Humanos. 'Quiero ver a mi hijo, eso es todo', concluye su anciana madre." Uno de los mayores problemas con que se enfrentan las familias iraquíes tras dos años de ocupación, un problema que casi nunca se menciona en los medios de comunicación, es el de la situación de los desaparecidos durante la invasión estadounidense de 2003 o durante la posterior etapa de ocupación, particularmente la de aquéllos sobre los cuales las autoridades de EEUU se niegan a dar información alguna porque les consideran peligrosos o porque han sido calificados como "prisioneros por motivos de seguridad" en las cárceles bajo su control [1]. Todas las ONG nacionales e internacionales que trabajan en Iraq están muy familiarizadas con el tipo de respuesta que obtienen siempre en las bases militares estadounidenses o en los centros de información cuando van a preguntar acerca de algún detenido que fue arrestado o que sencillamente desapareció durante el período del 20 de marzo al 1 de mayo de 2003 [2]: "No existe información sobre los arrestados antes del 1 de mayo de 2003", ni hay indemnizaciones, ni hay receptividad ante queja alguna: no hay nada. Es también imposible averiguar algo sobre los calificados como "prisioneros por razones de seguridad", porque creen que ese tema es responsabilidad exclusiva del ejército estadounidense, según indicó Chuck Ryan, oficial estadounidense responsable de las prisiones iraquíes, a finales de 2003. Los desaparecidos pueden ser bien militares, bien fedayines (combatientes, en árabe) o simples civiles que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado, aunque todo Iraq devino un lugar equivocado durante la invasión. Pero, según el Derecho Internacional [3], incluso aquéllos que estuvieron implicados en operaciones militares, así como sus familias, tienen derechos humanos, aunque fueran arrestados, hechos desaparecer, heridos o asesinados. Durante dos años, esas familias han sido víctimas de chantaje, ansiedad, sospechas y búsqueda constante por los centros de información estadounidenses, organizaciones de derechos humanos, ministerios iraquíes, etc., siguiendo cualquier resquicio de esperanza para tratar de averiguar algo sobre sus bienamados. Una madre, estaba tan desesperada que cuando oyó que un amigo de su hijo había soñado que su hijo estaba enterrado en un determinado sitio, fue al lugar, estuvo cavando en las sepulturas para no encontrar nada. 'Sólo queremos saber' Hablar con estas familias supone hundirte en un mar de lagrimas con las madres, esposas y niños. "Sólo queremos saber. Ellos [los estadounidenses] pueden retener a nuestros hijos el tiempo que quieran, pero que nos digan al menos si están vivos y dónde están", esta es la frase que escuchas de labios de todos los que buscan a un ser querido. "Lo daría todo, todo lo que poseo, a cualquiera que me dijera algo de Rafid", dice Ghazza A. Jamil, Um Rafid, Madre de Rafid, una mujer de mediana edad que es madre de un joven que desapareció el 7 de abril de 2003. Rafid, de 19 años, salió de casa a las 8:20 de la mañana, una vez que se había levantado el toque de queda, para ir a la casa de su abuelo; tenía que cruzar el puente colgante que lleva al Palacio de la Republica, ahora en la Zona Verde [4]. Una hora más tarde, su familia oyó que el Palacio había sido asaltado, por eso su padre corrió a buscarle por el puente. No pudo cruzarlo debido al intenso bombardeo. Vio muchos vehículos ardiendo sobre el puente. "Recemos para que Rafid no fuera por el puente", dijo a la madre. Al día siguiente, cogió una manta (por si encontraba el cuerpo de Rafid) y se fue caminando y, en el lugar de los hechos, le pidió a una oficial estadounidense que le permitiera buscar a su hijo. Ella se lo permitió. Buscó entre todos los cuerpos que había en el suelo, en los coches y en los autobuses que habían sido destruidos o quemados sobre el puente, en las calles, en las plazas al otro lado del puente, pero no había ni rastro de Rafid. Buscaron durante días en los hospitales, en las cámaras frigoríficas donde se guardaban los cadáveres, en las tumbas, en las morgues, en las oficinas de policía, en las bases estadounidenses, en los Centros Militares de Información a los Civiles (CIMCS, en sus siglas en inglés) y en las prisiones. En ese momento había ficheros en todas las organizaciones de Derechos Humanos, en el Ministerio de Derechos Humanos, en el Comité Internacional de la Cruz Roja, en el Creciente Rojo, etc., pusieron un anuncio en los periódicos y en la televisión: Pero ni rastro de Rafid. En noviembre de 2003, el abogado que estaba ayudándoles les dijo que había encontrado el nombre de Rafid, que había estado arrestado en el aeropuerto y que el 16 de mayo de 2003 había sido trasladado al Camp Bucca, en Un Qasr, al sur de Basora. Cuando el padre llegó hasta la prisión le dijeron que el nombre de Rafid no estaba en el listado que tenían. El abogado les había dicho que había obtenido la información del comandante Coleman, en el Centro de Asistencia Iraquí. Fueron a ver Coleman, quien miró en las listas del ordenador, encontró el nombre y les dijo que volvieran después de una semana. Lo hicieron así, pero esa vez les envió fuera diciendo que ya les llamaría para que volvieran. No les llamó, pero cuando volvieron de nuevo, les dijo que el nombre de Rafid no figuraba allí. Un prisionero liberado de Abu Ghraib contó a la familia que Rafid estuvo con él hasta febrero de 2004. (Muchos prisioneros han informado que habían sido trasladados de Camp Bucca a Abu Ghraib y que habían vuelto de nuevo a Camp Bucca a comienzos de 2004.) Hubo un testigo más, una mujer de la vecindad, que creía haber visto a Rafid en la comisaría de Kut. Dijo que tenía las manos atadas y que intentó comunicarse con ella en silencio, que incluso trató de echarse encima de ella muchas veces pero que un soldado estadounidense le golpeó. Otro testigo, un prisionero, dijo a la familia que Rafid estaba arrestado en un sótano y que había guardias estadounidenses muy estrictos en esa prisión. Dijo también que Rafid estaba herido en una pierna. En uno de los Centros de Información estadounidenses en Bagdad, en el de Jadriya, le dijeron a la madre que Rafid era un fedayín [5]. "Yo les dije que no lo era y que aunque lo fuera no significaba que a los fedayines no les iban a poner en libertad". Ellos le dijeron que sí. ¿Qué les contó el abogado sobre el motivo de la acusación?, le pregunto. Um Rafia contesta: "Que no iba documentado". Um Rafid estaba ansiosa por enviar un mensaje. Le dijimos que no éramos la televisión, pero insistió en que alguien que leyera la historia podría ayudarla a buscar a Rafid, y también a otros dos jóvenes. Uno se llama Firas Sami Gatti'e, nacido en 1982, que envió un mensaje a su madre en una caja de cigarrillos; y el otro Seif, que envió un mensaje en su pantalón. La madre de Rafid no paró de llorar amargamente durante toda la entrevista. Actualmente está al borde de una crisis nerviosa. "Hablo hasta con el pavimento de la calle, le pregunto si Rafid pasó caminando por allí. Por favor, ayúdenme, su padre se está muriendo", nos dice. El caso de Abdul Qadir Abdul Qadir Mohsin Mehdi, nacido en 1948, es un ingeniero jefe del ministerio del Petróleo. El 7 de abril de 2003 salió de casa temprano por la mañana para ir a trabajar, le habían dicho que tenía que distribuir el fuel en las estaciones de Bagdad. Nunca volvió. Testigos presenciales manifestaron que esa mañana fue hasta la refinería de Daura y que de allí salió alrededor del mediodía para ir a la estación de Shalchiya, cerca de la mezquita Buratha. Hubo un bombardeo muy intenso, por lo que abandonó del coche y se resguardó en la gasolinera más cercana, junto con otros dos hombres, un empleado de la estación y otro hombre que murió víctima del bombardeo. Diez minutos después los dos hombres supervivientes se fueron. Según el otro hombre, a Abdul Qadir le dispararon y se lo llevaron dos soldados estadounidenses en un vehículo blindado. La familia le buscó por todas partes, preguntó en todas las organizaciones y ministerios importantes. Preguntó por él a las autoridades estadounidenses en los ministerios de Petróleo, de Justicia y de Derechos Humanos, pero siempre obtenía la misma respuesta: "No hay información sobre los desaparecidos en abril de 2003". "Si está muerto, queremos su cuerpo. Si está vivo, queremos saberlo. Eso es todo", dice su mujer, y añade:
Un testigo presencial vio a Abdul Qadir en Camp Bucca, tienda 9, campo 9. Había 650 prisioneros en esa tienda. El hombre dijo que hasta julio de 2003 estuvieron en la prisión del aeropuerto [de la capital] y que hasta marzo de 2004 su marido estaba bien". La familia preguntó en Camp Bucca pero no obtuvo respuesta positiva alguna. La familia formó un equipo de parientes para buscar a Abdul Qadir. Durante las dos semanas que siguieron a su desaparición buscaron por todos los sitios en Bagdad. En el hospital, en las tumbas nuevas que se habían cavado en esa época a los lados de las calles. Su hijo Seif, un estudiante de Informática, habla de los montones de cuerpos de hombres, mujeres y niños entre los que tuvo que buscar y que yacían acumulados en los jardines de los hospitales. En octubre de 2003, la esposa fue a ver a Nebil Juri, un representante del Departamento de Estado estadounidense, después de que aquél hubiera aparecido en TV recibiendo llamadas de la gente. En la oficina de Juri les dio todos los datos de que disponía. Prometieron llamarla, como a otras muchas familias. Hasta el momento actual, aún no lo han hecho. La esposa dice que hay al menos 6.000 antiguos desaparecidos, incluso algunos fedayines, que han sido liberados, ¿por qué no le liberan a él? La esposa de Abdul Qadir piensa que todos los demás problemas no son prioritarios; el agua, la electricidad, el gobierno, todo eso se resolverá, pero para una familia que está esperando noticias de un padre o de un hijo, esa es la única prioridad. Adel tiene número y documento Adel Abbas Lieby, de 30 años, era oficial administrativo en el ejército. El 3 de abril de 2003 iba a entregar los salarios en una unidad militar en Yusifiya cuando le dispararon tropas estadounidenses, hiriéndole. Su amigo Hasan lo vio y le llevó al hospital al-Yarmuk [de Bagdad]. Hasan recogió todos los papeles y documentos de Adel y se los dio a su familia cuando fue a contarles lo sucedido. Pero Adel desapareció entonces. "Pregunté en una comisaría y el oficial estadounidense me dijo que volviera después de unos días. Regresé a los tres días; me dijo que mi hijo estaba en la prisión del aeropuerto". La madre de Adel prosigue:
Pero no importó cuantas veces fueron hasta allí: nunca consiguieron una respuesta positiva. Incluso una de las veces un soldado estadounidense amenazó a la madre con arrestarla y ponerle una capucha negra en la cabeza si no se marchaba. El soldado dijo que su madre tampoco le veía a él desde hacía seis meses. De nuevo la familia le buscó por todos los ministerios y las organizaciones de Derechos Humanos. "Quiero ver a mi hijo, eso es todo", concluye su anciana madre. El coche de Dhia Dhia Mahdi Ali Baqir al-Sindy, nacido en 1945, era general de Brigada en el ejército iraquí, en la Oficina de Veteranos. El 7 de abril de 2003 iba conduciendo su coche cerca de la autopista del aeropuerto para ver a su hijo en el distrito de al-Aamil, pero nunca regresó. Salió de casa después de las 08:00 de la mañana, tras levantarse el toque de queda. La familia no pudo llegar hasta la zona de la autopista del aeropuerto porque los estadounidenses la tuvieron cerrada durante diez días. El 18 de abril la familia comenzó la búsqueda. Encontraron el coche; parecía que Dhia lo había abandonado debido al terrible bombardeo. La gente de la zona les dijo que habían encontrado el coche vacío. La familia no encontró ninguno de los documentos que Dhia llevaba en él. Un joven de por allí que enterró a los muertos dijo que todos los heridos habían sido evacuados de la escena con helicópteros estadounidenses. La familia, a lo largo de un tramo de un kilómetro, estuvo cavando en la cuneta de la autopista del aeropuerto. Encontraron los cuerpos de cientos de hombres y de algunas mujeres, incluso encontraron un autobús lleno de cuerpos amontonados en uno de los lados de la autopista. "¿Te estás refiriendo a fosas comunes?", preguntamos a su mujer. "Sí, había un cargamento de cuerpos enterrados a los lados de la carretera, había muchas tumbas provisionales con señales encima o cerca, como un rama de árbol o una prenda de ropa. La gente que enterró esos cuerpos puso mucho cuidado en recoger objetos de los muertos para que pudieran ser reconocidos fácilmente después. No vieron a Dhia entre ellos", contesta la esposa de Dhia.
Un prisionero dijo que Dhia está en Camp Bucca, que fue herido en el abdomen pero que ahora está bien, describiéndole con mucha precisión y proporcionando a la familia unos detalles sobre él que nadie más conocería. "Incluso nos dio un número, el 116.224, pero cuando fuimos a comprobarlo no era él". "¿Qué quieres decir?", le pregunto. Su mujer, una empleada jubilada del ministerio de Planificación, explica:
Los testigos de Yasir "Yasir es mi sobrino", dijo Abu Amjad, "es uno de los detenidos más antiguos, fue arrestado al principio de la ocupación, hace ya más de dos años. Hasta ahora no tenemos ninguna información sobre él o sobre su paradero. La única información que tenemos la hemos conseguidos de antiguos prisioneros que han sido liberados, hemos ido a todas partes, a la Cruz Roja, al Creciente Rojo, a las bases militares estadounidenses, a las morgues con cuerpos pero no hemos conseguido respuesta o información oficial alguna". ¿Cuántas veces hemos escuchado la misma frase? Casi todas las familias de los desaparecidos dicen lo mismo. Yasir nació en 1975. Fue arrestado en Radhwaniya, al sur de Bagdad, cerca de la fábrica de detergentes; iba conduciendo con su amigo Salah y se dirigían, el 4 de abril de 2004, a la casa de éste. Al pasar cerca de un grupo de soldados estadounidenses, éstos les dispararon. Testigos presenciales de la zona dijeron que Yasir fue herido en el brazo izquierdo y en la pierna, mientras que a Salah le hirieron en la cabeza y en el brazo. Las tropas estadounidenses les prestaron primeros auxilios a ambos y se los llevaron en un vehículo blindado. Salah dijo que fueron conducidos en helicóptero hasta una base militar, que podría estar en Yusifiya. Salah estuvo inconsciente durante doce días. Cuando se recuperó se encontraba en un hospital militar en Nasiriya, en una base militar llamada al-Imam, en el sur de Iraq. Preguntó por su amigo Yasir de inmediato pero no obtuvo respuesta. Desde ese momento hasta ahora no hay noticias oficiales de Yasir:
Muchos de los mensajeros de las prisiones vacilan a la hora de dar información exacta sobre ellos mismos o sus direcciones. Sin embargo, facilitan información muy detallada sobre los prisioneros que les envían con mensajes, lo que no deja lugar a dudas de que estaban con ellos. Obviamente, [las tropas estadounidenses] les dicen que no den información alguna, pero lo hacen porque sienten que así ayudan a las familias.
Notas de la autora y de IraqSolidaridad: 1. Véase
en IraqSolidaridad: Informe de 'Human Right
First' "Tras la alambrada" (y II): Los presos bajo
control de EEUU en Iraq: indefinición jurídica
y opacidad
y EEUU
amplia los centros de detención en Iraq ante el incremento
de presos acusados de relación con la resistencia |
EEUU amplia los centros de detención en Iraq ante el incremento de presos acusados de relación con la resistencia
![]() El pasado 19 de abril, en la sede de la Sociedad de Derechos Humanos "Voz de la Libertad", en el barrio de Adamiya, en Bagdad, Hameed Achmed Abdula (en la foto, a la derecha, junto a un miembro de la asociación), residente en Faluya, narraba a la delegación de la CEOSI las circunstancias de la desaparición de su sobrino, Yasser Hameed al-Mohamedy, el 4 de abril de 2003, así como las infructuosas gestiones realizadas desde entonces para conocer su paradero ante las fuerzas estadounidenses e instancias iraquíes. Ese día, según el testimonio de su amigo Salah, Yasser, que tenía entonces 28 años y era empleado y estudiante universitario, fue herido en un ataque estadounidense mientras circulaba en un vehículo en las proximidades de al-Radwania, cerca del aeropuerto de la capital, al regreso del trabajo. Su pista se pierde tras ser trasladado a un hospital. Ese día, según testimonios posteriormente recogidos por su familia, muchos civiles fueron heridos y capturados por las tropas estadounidenses en la zona.
IraqSolidaridad (www.nodo50.org/iraq), 17 de mayo, 2005 Diversas organizaciones de derechos humanos iraquíes, entre ellas el Centro de Estudios sobre Derechos Humanos y Democracia, y la Sociedad de Derechos Humanos "Voz de la Libertad", con las que se reunió la delegación a Iraq de la CEOSI de abril, han puesto un marcha la denominada "Campaña Nacional por los Desaparecidos", una iniciativa con la que pretenden determinar el número y la identidad de los desaparecidos iraquíes en el período de la invasión, es decir, desde el 20 de abril al 1 de mayo de 2003, día en el que presidente Bush diera por finalizados los "grandes combates" en Iraq. Entre 5.000 y 15.000 militares y civiles llevan desde entonces desaparecidos, sin que el Pentágono haya dado cuenta de su paradero. La encuesta, que será distribuida a través de distintas entidades sociales y comunitarias (entre ellas, la Asociación de Ulemas Musulmanes por medio de las mezquitas) por todo el territorio iraquí, incluye preguntas sobre el desaparecido y las circunstancias de su desaparición, entre ellas la fecha y lugar de ésta. La iniciativa ha sido presentada durante la visita de la delegación iraquí que participará en la esión estatal del Tribunal Internacional sobre Iraq, que ha iniciado sus actividades preliminares el pasado lunes en varias ciudades del Estado y que culminará en el Plenario de Barcelona el fin de semana del 20 al 22 de mayo [1]. Nota: 1. Véase en IraqSolidaridad: Sesión de Barcelona del Tribunal Internacional sobre Iraq: Programa de las Sesiones Preliminares y Actividades complementarias y de la Sesión Plenaria
Protocolo Adicional a las Convenciones de Ginebra de 12 de agosto de 1949 Protocolo 1, Artículo 33: Personas Desaparecidas 1. Tan pronto como las circunstancias lo permitan, y a más tardar al final de las hostilidades, cada una de las Partes en un conflicto buscará a las personas desaparecidas sobre las que le haya informado la Parte contraria. Esta Parte contraria transmitirá toda la información importante concerniente a tales personas a fin de facilitar la búsqueda. 2. A fin de facilitar la recogida de información relativa a lo establecido en el párrafo anterior, cada una de las Partes en un conflicto, con respecto a las personas que no hayan recibido consideraciones más favorables bajo las Convenciones y este Protocolo: (a) registrará la información especificada en el Artículo 138 de la IV Convención con respecto a las personas que hayan sido detenidos, encarceladas o que hayan padecido cualquier otra forma de cautividad durante más de dos semanas como resultado de hostilidades o de ocupación, o que hayan muerto durante el período de detención. (b) se facilitará, en la mayor extensión posible, si fuera necesario, el desarrollo de investigaciones para buscar y recoger información relativa a tales personas si hubieran muerto en otras circunstancias como resultado de las hostilidades o de la ocupación. 3. La información sobre las personas desaparecidas, de acuerdo con el párrafo 1, así como las peticiones de información sobre las mismas, serán transmitidas bien directamente o a través del Poder Protector o por la Agencia Central de Localización del Comité Internacional de la Cruz Roja o de la Sociedades nacionales de la Cruz Roja (Creciente Rojo, León Rojo o Sol Rojo). Allí donde la información no se transmita a través del Comité Internacional de la Cruz Roja y de su Agencia Central de Localización, cada una de las Partes en el conflicto asegurará que tal información sea transmitida también a la Agencia Central de Localización. 4. Las Partes de un conflicto se esforzarán en llegar acuerdos con los equipos encargados de buscar, identificar y recuperar a los muertos de las zonas de combate, incluyendo, si fuera conveniente, acuerdos por los que tales equipos puedan ir acompañados por personal de la Parte contraria mientras desarrollan esas misiones en zonas controladas por la Parte contraria. El personal de esos equipos será respetado y protegido mientras esté desarrollando esas tareas.
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