El 'president' que vino del exilio. El 23 de octubre de 1977 y ante miles de ciudadanos eufóricos, Josep Tarradellas pronunció en la plaza de Sant Jaume el famoso "Ja sóc aquí"
El Periódico de Catalunya - 15/04/2005
 En el aeropuerto Josep Tarradellas saluda a su llegada a Barcelona, el 23 de octubre de 1977. Foto: ARCHIVO
Su regreso significó la continuidad institucional de la Generalitat
RAFAEL PRADAS BARCELONA
El día 23 de octubre de 1977 fue muy especial porque regresó el president de la Generalitat en el exilio, Josep Tarradellas. Pero fue también ejemplo claro de las contradicciones y dificultades de la transición. Antes de que Tarradellas pronunciara su famoso "Ja sóc aquí" se desarrolló una intensa actividad política, espesamente subterránea. Josep Tarradellas, conseller de la Generalitat durante la guerra, fue elegido president de la institución en el exilio en 1959 y durante casi 20 años fue garante de su legalidad. Encerrado en un caserón de Saint-Martin-le-Beau, cerca de Orleans, Tarradellas no quiso formar ningún Gobierno en el exilio. Receloso ante los movimientos de masas, sus relaciones con los partidos fueron difíciles, en especial con el PSUC y CDC. Fue muy crítico con el peso excesivo, según él, de Montserrat y del catolicismo en la vida catalana. Duro, firme y formalmente encantador, Tarradellas poseía mucha información de cuanto acontecía en el país.
Símbolo de la ruptura A la muerte de Franco, Tarradellas reclamó la amnistía y el restablecimiento de la Generalitat, y se entrevistó con el Consell de Forces Polítiques (creado en el 1975), que exigía constituir un Govern provisional de la Generalitat a partir de los principios del Estatut de 1932. Más tarde lo hizo con la Assemblea de Catalunya. Pero la llegada de Adolfo Suárez al poder y las elecciones de 15 de junio de 1977 habían de cambiar el panorama. Bien es cierto que, inicialmente, Suárez proponía una Mancomunidad y un Consejo General que algunos sectores del nacionalismo catalán contemplaban con buenos ojos. Jordi Font, entonces dirigente del PSC, lo valora así: "El telón de fondo tras las elecciones del 15-J es que en Catalunya ganó la ruptura y en el resto de España la reforma. A partir de ahí, los procesos se entremezclan y se hacen complejos. Al margen de las simpatías personales, Tarradellas era el símbolo de la ruptura, porque era la continuidad institucional de la Generalitat republicana, la Generalitat en el exilio". En una jugada inesperada, Adolfo Suárez se entrevistó con Tarradellas en Madrid (a donde llegó en un avión especial con el diputado de UCD y periodista Carlos Sentís), el mismo junio de 1977. "Suárez sabía que había de transigir ante la rotundidad de los resultados, pero jugó a atenuar la victoria de la izquierda, y a eso se apuntó más de uno", subraya Font. "Por encima de todo --continúa el antiguo dirigente socialista-- se conquistó la continuidad constitucional, la Generalitat, no cualquier sucedáneo". La llegada de Tarradellas a Barcelona fue todo un acontecimiento. Decenas de miles de ciudadanos le recibieron apoteósicamente en el aeropuerto, Montjuïc y la plaza de Sant Jaume. Tarradellas constituye un símbolo del exilio que terminaba. Se calcula que 500.000 personas atravesaron la frontera los últimos días de la guerra civil, pero la mayoría no regresaron nunca a España. Muchos emigraron a América, y otros permanecieron en Europa. Casi todos siguieron defendiendo sus ideales republicanos. Como Tarradellas, que en 1980, al ceder el poder al primer president democrático de la Generalitat, Jordi Pujol, fue elevado a la categoría de marqués por el rey Juan Carlos. Paradojas.
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