Cárcel de Talavera: una historia cruel (del asesinato de dos personas de Malpica de Tajo)
Eugenio Cerdeira - Emilio Sales - Talavera 23 de abril de 2005

El repaso de la lista de asesinados
en la provincia de Toledo, durante y después de la Guerra Civil, nos conduce a conocer historias de dolor y muerte y, a su vez, descubrir datos nuevos de personas de las que no se estaba al corriente, ni su vida, ni las circunstancias de su muerte o de otras de las que no sabíamos
su paradero.
Ha sido así como me llegó la historia de un apellido, Cerdeira, que por sus vínculos gallegos no “cuadraba" con la ubicación geográfica en un pueblo cercano a Talavera, en esa bella localidad de Malpica de Tajo, situada en la margen izquierda del río que un día fue generador de vida y hoy languidece por la estupidez y codicia de los seres humanos. Malpica de Tajo, cuya historia nos ha dejado el maravilloso castillo cuyo origen se remonta a una construcción musulmana del siglo X y que en la actualidad es propiedad de los Duques de Arión. Pero esa es otra historia. La que quiero trasladar en estas líneas sucedió no hace mucho, unos 65 años, no hace tanto tiempo. A principios de los años 40, aunque decretado el final de la Guerra Civil, la práctica del castigo a los vencidos fue inhumana, a unos ciudadanos cuyo delito era defender la legalidad democrática de la República. Como decía, al comprobar el apellido, caí en la cuenta que conocía a Eugenio Cerdeira Fernández, natural de la localidad de Malpica de Tajo, que, una vez acabada su vida laboral en Madrid, reside en Talavera. Coincidí con el y le pregunté si tenía alguna relación con Raimundo y Julián Cerdeira Morales. La pregunta le produjo una reacción que dejaba a las claras que las personas a las que me refería tenían mucho que ver con su vida. Una sensación de dolor y rabia se apoderó de su rostro y me confirmó que Raimundo era su padre y Julián su tío. De manera inmediata me relató algunas cosas que le transmitieron personas que habían padecido la cárcel junto a su padre y tío. “Eran los años 60 cuando los paisanos que estuvieron con mi padre y su hermano nos pusieron al corriente de las métodos que emplearon los carceleros para asesinarlos. A mi padre le sacaron del pabellón donde se encontraba cautivo. La cárcel era la conocida como de La Seda de Talavera, y que se hallaba en la antigua Fábrica de Sedas. Sobre las 4 de la tarde uno de los verdugos de la prisión entregó a mi padre una nota en la que le indicaba que recogiera sus pertenencias ya que a las 6 de esa misma tarde salía para la enfermería para que el medico de la prisión le efectuara un reconocimiento. En esos días Raimundo hacía una figura de un caballo, negro, con una bella crin morena y cola rizada, con herraduras blancas. Era un gran artesano y con sus manos realizaba toda clase de figuras. El caballo era un regalo para su hijo al que regalaría en la próxima visita que durante la semana siguiente le haría su esposa Brígida Fernández Guadamur. Al terminar de leer la nota se quedó demudado, sin tener palabras que dirigir a sus compañeros republicanos que presos, igual que el, contemplaban la obra que quería entregar a su hijo. (esa figura nunca llegó a las manos de el). Los compañeros se acercaron a su hermano Julián para comentarle que a Raimundo se le iban a llevar a la enfermería, y era una cuestión que les intranquilizaba ya que Raimundo no tenía ni unas décimas de fiebre y, además, los reconocimientos médicos se hacían por la mañana y no por la tarde. Julián leyó la nota y apretó los labios, claro síntoma de que no le gustaba nada esa noticia. Transcurridos unos minutos pensó que a lo mejor la noticia no era tan mala ya que Raimundo tenía un cuñado llamado Gregorio Fernández Guadamur que era sargento de la Guardia Civil y que estuvo encerrado en el Alcázar de Toledo con el General Moscardó, podría ser que a través de su cuñado respondiera por el y significara la posible libertad de su hermano. Falsas ilusiones. Julián es llamado a las 8 de la mañana del día siguiente por la misma persona que había entregado la nota a su hermano el día anterior. Le indica que le acompañe a la puerta de la entrada de la prisión, Allí mismo, hacia la izquierda, se encontraba un cuerpo tapado por una manta. Con sus manos esposadas retira la manta, comprueba que es su hermano, la cara desfigurada, las manos atadas tal como le habían sacado el día anterior camino a la enfermería, Julián se desespera y lanza palabras crudas contra el torturador y asesino que le ha llevado a contempla tan macabra visión. El verdugo le indica, con la fría calma del sadismo, que cuando caiga en sus manos la muerte vaa ser peor que la de su hermano. Los compañeros de la prisión, sus camaradas republicanos, contaron a sus familiares que Raimundo era un compañero muy pacifico, con buenos conocimientos yargumentaba que la guerra no la habían perdido ni ganado los republicanos, que la guerra la habían perdidotodos los españoles, los que habían salido de su casa para no volver más. También decía que los republicanos que habían muerto, los que morirían en las cárceles, que, por otro lado, serían más que los muertos en el frente, luchaban por la justicia social, muchos habían muerto por las envidias en los pueblos, pero habían luchado por defender a los trabajadores, esos que trabajaban de sol a sol por las miseria de 3 pesetas, con las camisas rotas y las costillas pelada. No faltaba a nadie con sus palabras, siempre justas, en largas charlas con sus compañeros republicanos de prisión. Era, como alguno comentó, una persona que con sus consejos no abría heridas, si no que curaba. Como se puede comprobar en el certificado del Registro Civil, Raimundo Cerdeira Morales muere a causa de una bronquitis crónica, que visa el teniente medico de la plaza D. Pedro Sánchez Díaz. Las noticias que aportan los que fueron compañeros de presidio fueron que una vez dentro de la enfermería le apalearon con fuertes golpes en la cabeza, por lo que de esa manera asesinaron a Raimundo y de ahí el estado en que su hermano lo encontró. Era el día 19 de junio de 1940, tenía 32 años. Julián Cerdeira Morales fue asesinado dos años más tarde, el 1 de octubre de 1942. En el certificado de defunción la causa de su muerte está tachada. El recuerdo de compañeros es también claro y denuncian que Julián fue colgado de los pies y asesinado de manera similar a su hermano Raimundo, apaleado. Tenía 36 años. Años después, en 1980, y una vez restaurada la democracia, hice una visita a Talavera, acompañado de un primo, Gaudencio Cerdeira Fuentes, donde indagué sobre estos datos y otros que nos interesaban para esclarecer el crimen de nuestros seres queridos. Una intención nos angustiaba y nos sigue obsesionado, poder localizar al medico que firmo la mentira sobre la muerte de mi padre. Algunas veces pienso que es mejor no haberlo localizado, ya que nos indicaron que había marchado a Francia, las ideas que se nos pasaban por la cabeza no eran, ni mucho menos, agradables. Hasta la fecha no hemos encontrado un bálsamo que alivie el dolor que en nuestras almas cercenó el asesinato de nuestros seres queridos. En una ocasión me dirigí al actual Alcalde de Talavera para que hiciera algún gesto para reconocer a todos los ciudadanos que están enterrados en la fosa común del cementerio talaverano. Le pedí que erigiera un mausoleo con el nombre de todos y todas los allí enterados. No ha habido respuesta. Parece que así pase cien años los que murieron por la libertad, la democracia y la República, seguirán sin tener el reconocimiento público. Aún hoy sigo averiguando más cosas. Quizás algún día estas breves líneas puedan ser completadas con más datos". Se que Eugenio se queda cosas en el tintero, su prudencia le hace guardarse cosas graves que intuyo conoce. Pero no quiero ponerle en más aprietos. Indudablemente la historia reciente de nuestro país sigue sin conocerse de forma exacta. Miles de personas siguen desparecidas, sus cuerpos yacen en cunetas, campos o fosas diseminadas por el territorio patrio. Cada día surge una nueva historia, muchos nietos no saben nada de las peripecias vitales de sus abuelos, de su vida, de su lucha, de su muerte y del lugar donde fueron arrojados sus cuerpos. Doy las gracias, en mi nombre y en el de muchos que estamos por la labor de rescatar la memoria histórica de nuestro pueblo, a Eugenio Cerdeira Fernández. Para acabar quisiera rendir homenaje a tres familiares, ya desaparecidos, que marcaron en gran medida mis ideales de justicia, libertad y fraternidad, los ideales de la República. Julián Carrasco Romero, Capitán de Ingenieros (tío abuelo), Valentín Carrasco Romero, Comandante de Infantería del Regimiento Wad-Ras nº 1 (tío abuelo) y Heraclio Gontán Romero, Capitán de la Escolta Presidencial (tío), que lucharon leales a la República. Y a mi padre, Emilio Sales i Baixauli, miembro de la Juventud de Izquierda Republicana, al que prometo seguir luchando por la III República.
Eugenio Cerdeira Fernández (Memoria oral). Emilio Sales Almazán (Foro por la Memoria - Castilla la Mancha). Talavera 23 de abril de 2005.
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