Entrevista a Andreu Mas Carbó: “Història d’una lleialtat als seus orígens de classe” (Part 2)
desembre 17, 2008 Actualitat, Entrevistes, Moviment Obrer, PCPEAndreu García Ribera entrevista al nostre camarada del PCPE Andreu Mas per al diari “El Otro País”
P- ¿Dónde y cómo conociste a Antonia, tu mujer?
R- En Parí. Ella tenía 18 años, vino a conocer la Ville Lumiere y a aprender francés y acabó uniendo su vida a la mía, organizada en el Partido Comunista y hablando el catalán meridional de los valencianos.
P- ¿y después de Franco?
R- A la muerte del dictador regresé al Estado español, aunque Alberto García Esteve me aconsejó que retrasara el regreso, que la Brigada Social seguía utilizando los archivos de la dictadura…..y los métodos. Fíjate si tenía razón Alberto, que el 9 de abril de 1977, el día de la legalización por Adolfo Suárez del PCE, la policía se presentó en casa de los padres de Antonia en Gijón preguntando por mí.
P- ¿Qué hiciste durante la llamada Transición?
R- En esos años participé activamente en la construcción de la Federación del Campo de CC.OO. Había muchos problemas por resolver: los salarios eran muy bajos todavía y más en comparación con el sector industrial, las mujeres en los almacenes de fruta eran explotadas por la consideración histórica de que el trabajo femenino es el segundo salario de la familia y por tanto puede ser más bajo, primaba el destajo, los accidentes eran frecuentes precisamente por los destajos, la eventualidad era la norma en el sector y nuestra gran batalla era el reconocimiento del carácter de fijos discontinuos a todos los que repitiesen campaña, los eventuales agrícolas estaban discriminados con respecto a otros trabajadores eventuales ya que no tenían acceso a la prestación contributiva por desempleo. A lo largo de la década de los 80 desarrollamos en el campo valenciano un movimiento huelguístico de gran intensidad, con una gran capacidad de movilización. La capacidad de lucha de las mujeres de los almacenes fue impresionante, cuando tomaban conciencia de su discriminación y daban el paso adelante se convertían en un torbellino imparable. Entre mis mejores recuerdos están los piquetes de huelga formados por autobuses de mujeres que abortaban decididamente cualquier intento de esquirolaje.
En una cooperativa, la Guardia Civil, mandada por un suboficial que se había distinguido en Carlet durante el franquismo por los malos tratos, nos protegió de un comando antihuelga que con escopetas de caza quería amedrentarnos. Viniendo hacia mí, me espetó: “ha visto lo eficaz que es la Guardia Civil, cuando nos mande tendrá ocasión de comprobarlo”. Le contesté que ese supuesto no podría darse nunca pues si alguna vez tenía poder de mando lo primero que haría es disolver la
Guardia Civil.
P- ¿Pero tuviste problemas con la cúpula dirigente de CC.OO.?
R- Naturalmente, CC.OO. empezaba a pisar moqueta ministerial y a asumir compromisos con la lógica capitalista. Fui Secretari General de la Federació del Camp del Pais Valencia y aunque gané la Secretaría General de CC.OO del Campo a nivel estatal, este Congreso no fue reconocido por la dirección. El sindicalismo de resistencia que siempre defendí chocaba con la práctica de una dirección cada día más comprometida con la gestión del Estado capitalista. Recuerdo el último Congreso de la Federación del Campo al que asistí, en el que Salce Elvira, que luego lideraría el denominado sector crítico de CC.OO. quería comprarme delegados para ganar una votación: “¿cuántos tienes y qué quieres por ellos?”.
En 1987 fui expulsado de CC.OO., junto con otros compañeros, por unos sindicalistas de marketing, avión y maletín de ejecutivo. Uno de los más activos inquisidores contra nosotros fue Antonio Montalbán, Secretario General de CC.OO. del P.V. en ese momento y primer candidato por Esquerra Unida en la circunscripción de Valencia en las elecciones del pasado 9 de marzo. Montalbán probó luego su medicina en CC.OO. En la época de Antonio Gutiérrez fue desbancado por una dirección que galopaba en el caballo de la Nueva Izquierda rumbo al PSOE. Después de perder Montalbán el Congreso de Burjassot ante el jesuita loan Sifre, una mañana se encontró la puerta de su despacho cerrada y todos sus documentos personales y de trabajo apilados en el suelo.
P- ¿Desde tu experiencia, tiene Marcelino Camacho alguna responsabilidad en la degeneración del contenido de clase del sindicato?
R- Mucha. Bajo su dirección, comenzó la depuración de la izquierda sindical y de quienes reivindicaban un sindicalismo asambleario y de clase. Inició la transformación del sindicato en un aparato integrante del Estado. Recuerdo a Marcelino Camacho en un Consejo Confederal decir que si él estuviera en Polonia estaría en Solidaridad. Fíjate tú, estaría en una organización que la historia ha demostrado que actuó como punta de lanza de la CIA y la Iglesia Católica contra el socialismo realmente existente. También es responsable de haber propuesto al entonces Secretario de la Federación de Alimentación, Antonio Gutiérrez, para ocupar la dirección del sindicato. Gutiérrez continuó el trabajo de desideologización, de pactismo e inserción en las estructuras de un Estado al que en teoría has de combatir y que en la práctica subvenciona los cuantiosos gastos de una burocracia desvinculada de los problemas de los trabajadores.
P- ¿No transigiste como tantos otros para mantener una liberación sindical?
R- Hay cosas que no se me pueden pasar siquiera por la imaginación. Volví a trabajar en el campo y, junto con Antonia, que limpiaba escuelas y trabajaba también en el campo, sacamos adelante a nuestros cuatro hijos. Sufrí un accidente de trabajo y por ello percibo una pensión de invalidez. Nunca concebí la política o el sindicalismo como una profesión, sino como un compromiso con mi clase.
Aquella a la que me adherí con nueve años, trabajando en una colla de hombres que creían en la revolución social.
P- ¿Cuándo abandonaste el PCE?
R- Hace más de 20 años. El eurocomunismo corroyó el partido, lo desarmó ideológicamente, trataron de refundar una organización socialdemócrata y se deslizaron por un antisovietismo repugnante. El PCE fue el principal responsable político de una transición que no fue tal sino una transacción que permitió que muerto el perro no acabara la rabia, que los poderes dominantes durante el franquismo se perpetuaran. Traicionó el legado de miles de luchadores antifranquistas rindiendo pleitesía a la monarquía que Franco impuso a través de sus Leyes Fundamentales.
P- ¿Qué piensas de la crisis de Izquierda Unida?
R- En la práctica, IU ha sido una maniobra más para conseguir la destrucción del PCE, el colofón de un camino de claudicaciones. La dirección del PCE apostó por la disolución del Partido en una plataforma electoral y el resultado ha sido que cedió en el terreno de los principios a cambio de votos y hoy se ha quedado sin principios y en la miseria electoral más absoluta.
P- ¿Cabe la reorganización del actual PCE?
R- No, pues su problema no es que se equivocara de táctica. Eso es algo que se puede corregir. Su problema es que renunció al socialismo como estrategia de transformación social, aspiró a ser la izquierda moderna de un capitalismo moderno y en esa aspiración fue engullido por el PSOE.
P- ¿Qué haces ahora?
R- Sigo siendo comunista, soy militante del PCPE y continuó abominando de los patrones, de las sotanas, de los cetros coronados, de los uniformes militares, de los chivatos, y de los traidores a su clase.


















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