Entrevista a Andreu Mas Carbó: “Història d’una lleialtat als seus orígens de classe” (Part 1)
desembre 15, 2008 Actualitat, Entrevistes, Moviment Obrer, PCPEAndreu García Ribera entrevista al nostre camarada del PCPE Andreu Mas per al diari “El Otro País”
“El Otro País” se ha acercado a Carlet, localidad de la Ribera Baixa valenciana para recoger el testimonio de una vida consagrada a la lucha por los derechos de los trabajadores y contra la dictadura del capital, ya sea bajo las formas explícitas del fascismo o soterradas bajo la celosía de las instituciones de la democracia burguesa. Andreu Mas es un veterano camarada con el que he tenido el honor de compartir algunos episodios de su intensa trayectoria vital: durísimas huelgas en el campo del País Valencia, viajes a Euskal-Herria cargados de ilusión y de proyectos, horas de trabajo sindical y discusión política, siempre a contracorriente. Conjugando análisis y acción en su inmensa humanidad física y anímica.
Decenas de cantos al ejército del Ebro, a lo que le dijo el jornalero al amo, a desalambrar tierras que no son ni tuyas ni mías, ni de éste o de aquel, de tragos fraternales y lecciones de conciencia de clase han tejido una amistad que la distancia no ha podido difuminar. En los momentos amargos, recordar a Andreu Mas es una inyección de optimismo y jovialidad, también de firmeza ideológica.
Sus raíces obreras, republicanas y nacionales conformaron la identidad ética de Andreu, un patrimonio que nunca dilapidó y acrecentó con el decurso de los años. Lo conocí cuando él ya era un veterano militante comunista y un dirigente sindical, fue en 1985 en un mitin contra la política neo liberal de Felipe González, advirtiéndonos de los peligros de la política agraria de la Comunidad Europea, “El Mercat Comú es el comú del mercats”, repetía, jugando con la polisemia que en catalán significa comú; común y retrete público. Fuertemente enraizado con los suyos, siempre que pudo utilizó el valenciano como medio de expresión. La lengua que habían utilizado desde siempre las clases populares de su pueblo y que ha defendido desde una posición internacionalista como vehículo de comunicación con los trabajadores de la Huerta y como resistencia a las pretensiones de aniquilación cultural de las clases dominantes del Estado español.
Andreu Mas Carbó ha cumplido 70 años, nació el 18 de enero de 1938 en Carlet, si bien en el Registro Civil está inscrito el 22 de enero. Los bombardeos fascistas fueron especialmente intensos en aquellas fechas en la comarca de la Ribera y no pudieron inscribirlo hasta ese día. Su padre, republicano acérrimo, se alistó voluntario para combatir a los sublevados. Andreu siempre ha dicho que nació fruto de un permiso, de un breve paréntesis paterno en la lucha contra los fascistas.
Pregunta- ¿Cómo vivisteis en casa la posguerra?
Respuesta- La derrota militar de la República hizo que mi padre pasará numerosos años en campos de concentración y batallones de castigo. Salvó la vida porque fue herido poco antes del final de la guerra y no pudieron darle el paseíllo estando en el Hospital.
A los 9 años empecé a trabajar en el campo, en la cuadrilla que iba mi padre. Todos los trabajadores de la cuadrilla eran republicanos represaliados en la España grande y libre de los falangistas. Recuerdo a un tal Hipólito, desterrado de Cuenca, que había recalado forzosamente por estas tierras. Desde pequeño escuché como se cagaban en Franco. En los tajos, en jornadas interminables oí hablar de la Unión Soviética, la patria de los trabajadores para aquellos hombres. Aquellos tenían una infinita esperanza en la revolución social.
Mis padres se casaron por lo civil durante la República y al acabar la guerra fueron obligados a casarse por el rito católico, apostólico y romano. El día de la boda, mi padre se negó a besar el crucifijo que le ofrecía el capellán y con el mismo crucifijo le partieron la boca y los dientes. Evidentemente, en nuestra casa sólo se mentaba y menta al Altísimo en términos imprecatorios. Las sotanas no están bien vistas y los crucifijos siguen produciendo dentera a toda la familia.
P-¿Cuándo marchas de tu tierra?
R- En octubre de 1957, con 19 años, llegué de emigrante a París. Inmediatamente ingresé en el Partido Comunista. Llegaba con el aprendizaje político hecho, en los surcos de la Ribera había vivido la lucha de clases en estado puro. Nunca he olvidado aquellas lecciones, hoy los explotados podrán tener otro color de piel, pero al final el beneficio del capital siempre se fundamenta en el trabajo no pagado de los obreros.
Trabajé en la Citroen y en la Renault. Muy pronto se me vino abajo el mito de la patria de las libertades. Los mandos de la fábrica eran antiguos oficiales de la Legión. Fui despedido de la Renault por ejercer el derecho de huelga y participé en numerosas manifestaciones por la libertad de Argelia aún bajo la bota colonial francesa.
P- ¿Conociste la represión policial en la Francia de la IV República?
R- y tanto, recuerdo una manifestación en que los CRS dispararon con fuego real contra los manifestantes y hubo nueve muertos, tengo aún en la retina la imagen de las CRS tirando las verjas de hierro que rodeaban los árboles de los bulevares parisinos desde los alto de las bocas del metro contra los manifestantes que huían despavoridos. Eran compañías de gendarmes recién importadas de ultramar y acostumbradas a humillar a la población autóctona. A mí, la Guardia Republicana francesa es el cuerpo policial que más hostias me ha dado.
P- ¿Hiciste alguna entrada clandestina en la España de Franco?
R- Varias. Una de ellas en 1962, cuando las huelgas de Asturias. Trasladé un millón de pesetas recaudadas entre los obreros franceses y la emigración española para la caja de resistencia de la huelga. Así que, con mi pasaporte a nombre de Julio Pinto, ingeniero de minas, crucé la frontera por Irún, desde allí me trasladé a Oviedo, una ciudad sitiada por la policía. Me alojé en una pensión, rellené la ficha y por la mañana en un descuido de la recepción me la volví a llevar, por si las moscas. En autobús llegué a Duro Felguera, donde me entrevisté con Horacio Fernández Iguanzo, el mítico “Paisano”, a quien le confié el maletín con el kilo de la solidaridad obrera. También en esa misión debía sacar por los pasos de la frontera a un camarada al que la policía tenía muy cercado.
Finalmente, la dirección del Partido en Asturias decidió que era muy peligrosa la operación y que era más seguro mantener al camarada escondido en Asturias. Volví a salir por Irún, esta vez más ligero de equipaje.
P- ¿Te dedicaste entonces al trabajo político con los emigrantes?
R- Sí, trabajé para el Partido en la emigración organizando a los obreros en Bélgica, Holanda, Suiza y Alemania. Editamos en esa época un boletín que se llamaba “Libertad”, primero, y más tarde, “Libertad para España”. En 1966 recibí un cursillo en la RDA titulado “nuevos enfoques a problemas de hoy”.
P- ¿La policía política de Franco conocía tus actividades?
R- Dos veces fui procesado, dictándose auto de rebeldía. La primera, a raíz de la caída de un hombre de Izquierda Republicana de Carlet, llamado Eladio Ferrer en la frontera de Port Bou, con propaganda. Era un material que le había encargado pasar al interior Fernando Valera, un hombre que aunque no era comunista yo respetaba mucho, había sido condenado al acabar la guerra a dos penas de muerte.
Esta detención supuso la caída en Carlet de ocho o diez personas, entre ellos mi padre, que fue enviado a la cárcel Modelo en Valencia. En los interrogatorios, salió el nombre de Andreu Mas a colación, y detuvieron a mi padre. Tardaron algunas semanas en descubrir que el Andreu Mas en cuestión era el hijo. En ese juicio fui condenado en rebeldía.
El otro proceso fue a finales de los 60, cuando la caída de Antonio Palomares y la dirección del PCE en Valencia. Detuvieron a un camarada de l’ Alcudia que, bajo torturas, mencionó mi nombre. También esta vez dictaron auto de rebeldía. Toda esta información la obtuve a través del entrañable abogado y militante comunista Alberto García Esteve.
P- ¿No obtuviste el status de refugiado político?
R- Siempre renuncié al estatuto de refugiado político en Francia. Quería libertad para salir y entrar clandestinamente, sin someterme a obligación alguna con el Estado francés.


















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