Entrevista para Libre Pensamiento nº 61 al autor de “Crónicas del 6”, Editorial Virus.
Entrevista original, dossier y fotos en el PDF descargable desde la web de la revista con licencia Creative Commons Libre Pensamiento
“Crónicas del 6 y otros trapos sucios de la cloaca policial” es un libro del periodista y activista catalán de la Vila de Gràcia David Fernández. En sus páginas, siguiendo una técnica narrativa basada en la acumulación de fragmentos repletos de poética a pesar del tema, el autor pone nombres, fechas y caras a los episodios de represión acaecidos en parte de los Països Catalans en los últimos decenios. El libro, publicado hace dos años en catalán, llega ahora a las librerías en su versión castellana. Éste es el motivo de esta entrevista, lo cual también nos tendría que llevar a recapacitar sobre lenguas, estado y espacio cultural más allá de la lectura, tema que dejaremos para otra ocasión.
“Crónicas” narra la historia de la guerra contra los movimientos sociales catalanes desarrollada desde el Grupo 6 de la Policía Nacional, especializado en estos menesteres. Pero el libro es mucho más ya que a partir del pormenorizado relato David consigue iluminar muchos de los espacios de la vida política catalana desconocidos para los no implicados en ellos mismos, los espacios de los que han resistido a la represión. Si alguien desconoce qué ha pasado en Catalunya en los últimos decenios debe leer “Crónicas”. Si alguien quiere saborear una prosa rica i estimulante como es la de David, debe leer “Crónicas”. Si alguien quiere conocer los entresijos precisamente de la cloaca policial, debe leer “Crónicas”. Si alguien quiere comprender para coger impulso, debe leer “Crónicas”.
-¿”Crónicas del 6” es un libro de visiones fragmentarias de un gran relato. Podrías explicarlo a los lectores de forma resumida?
Es un relato colectivo, son 10 años de procesos sociales de autoorganización, autonomía y autogestión social en base a la desobediencia (insumisión, ocupación, contrainformación, altermundismo), del que han participado miles de personas, fundamentalmente en el área metropolitana de Barcelona. Los retazos de esa historia son la factura represiva y el variopinto arsenal utilizado por el Poder para evitar que esos espacios sociales de disidencia crecieran: policías, medios de comunicación y, en última y primera instancia, decisiones políticas. A partir de ahí, es el relato alterno para acercarnos a las entrañas del control social, a más de 2.000 detenciones en 10 años, una veintena de encarcelamientos y campañas de criminalización mediática. Un intento por abrir con fórceps el cuarto oscuro de la represión, para saber como funciona la maquinaria.
-En este cuento, ¿quiénes son los protagonistas principales y quiénes hacen sólo de comparsa?
En el cuento, puede parecer que los protagonistas principales son los miembros del Grupo VI de la Brigada Provincial de Información, integrada por 60 agentes y especializada en la disidencia política y social, que dispuso de todos las herramientas represivas que el poder le otorgó. Sus actuaciones son el hilo conductor del libro, aunque para mí los verdaderos protagonistas son las y los activistas que han resistido, desde la solidaridad y el apoyo mutuo, a esa enloquecida carrera represiva que ha hecho añicos derechos civiles y libertades fundamentales. De comparsa, seguro, determinados periodistas que han demostrado tener más porra que pluma, una clase política cuándo menos altamente nociva y una conciencia social escasa de lo que sucede en las bambalinas de la cloaca del Estado, en un mundo donde Guantánamo era la metáfora andante.
-¿Valdecasas fue el emblema de una época con otros responsables mayores o realmente fue ella la ideóloga de la represión organizada contra los movimientos sociales en Catalunya?
Valdecasas no es nada más que el símbolo de una época de aplicación drástica del aznarismo en las calles y de amplios retrocesos. Pero es sólo un símbolo, la cara visible: más allá de su verbigracia represiva, los tuétanos de la represión y la criminalización están instalados en el Estado. No son el capricho de una sola persona. Es una corriente de fondo, que nace hace tres décadas, y que combina a su albur las tres doctrinas penales más regresivas: la tolerancia cero, la seguridad nacional (“el enemigo está en casa”) y el derecho penal de enemigo de inspiración schmitiana. Además, la deriva represiva no es ni mucho menos patrimonio del PP; el PSOE tiene una densa, acumulada y dilatadísima trayectoria. Lo que cambia es el modo de gestión de la represión. El PP lo hizo con ruido mediático y propaganda. El PSOE desde el silencio, mucho más efectiva y perverso.
-Pero tu libro permite, además, conocer los entresijos de esos movimientos sociales. ¿Cómo ves el panorama ahora mismo?
Complejo, que no complicado. En lo positivo, decenas de personas y multitud de colectivos que, a pesar de los golpes recibidos, siguen negándose a bajar la cabeza y entrar en el circuito de la obediencia debida: “la buena confitura está en el bote pequeño”, que decimos en catalán. En lo antirrepresivo, también positivamente, ha cuajado una amplia coalición social, aun no descodificada, que ha aunado esfuerzos ante los desmanes policiales, legales y penitenciarios. Esa red es nuestra joya y aúna movimientos sociales de base, ámbitos profesionales académicos y jurídicos, entidades sociales, movimiento vecinal y cristianos de base. No es poco: 32 organizaciones recurriendo la ‘patriot-act’ urbana de las Ordenanzas del Civismo en Barcelona, 48 entidades dando larga vida a la Coordinadora para la Prevención de la Tortura y mucho más. En lo negativo, constatable y sin dramatizar, que la estrategia represiva también ha funcionado: sin los grados de tensión, provocación y aislamiento que se concretaron contra los movimientos sociales, los espacios de compromiso y disidencia serían hoy más grandes. Pero ese amplio remanente que ha quedado, ha incorporado a una nueva generación de activistas a la lucha social. Personas que han llegado al punto de no retorno brechtiano: saben que la lucha es cada día y que la coherencia se gana o se pierde cotidianamente en cada gesto. Como escuela de libertad, no está nada mal.
-Y pasado el período del PP en el poder, ¿cómo se ha producido la transición del poder policial de la Policia Nacional a los Mossos d’Esquadra?
Hemos pasado de un modelo reactivo, cerrado e intensivo en coerción, propio de la Policía Nacional, a un modelo preventivo, intensivo en información y ‘de proximidad’, que caracteriza a los Mossos. El modelo, genéticamente, no ha cambiado, pero se ha perfeccionado. La calle se ha militarizado mucho más. Dejando a parte las tensiones surgidas entre cuerpos durante el despliegue, el modelo de control social –respecto a los movimientos sociales– se ha profundizado, tecnologizado y ampliado. En apenas tres años, hemos visto con los Mossos cosas nunca vistas –secuestro de manifestaciones, armas ilegales como el kubotan, manuales para disfrazarse de periodistas en movilizaciones– y la Divisió d’Informació se nutre de la misma obsesión atávica que equipara disidencia con terrorismo.
-¿Qué características tiene el cuerpo de los Mossos que hagan que se le relacione con tanta cantidad de agresiones y violencias varias?
Desde la Coordinadora para la Prevención de la Tortura y el tejido social siempre hemos insistido en que el mayor número de denuncias y su mayor difusión es directamente proporcional al grado de conciencia social, de compromiso civil y de existencia de redes comunes. Que haya más denuncias no refiere más brutalidad que en otros casos: constata más movilización social. El demérito, por supuesto, es para unos Mossos que creen en una impunidad deificada. Pero el único mérito es al trabajo colectivo, anónimo y silencioso para visualizar esa realidad. Puede haber otros factores coyunturales, que han sido mediáticamente explotados: tratarse de una nueva policía, que sería ‘la nuestra catalana’ desde una lectura nacionalista o bien la guerra al tripartito utilizando la policía como ariete. También factores reales: el final del despliegue se hizo tan rápido e improvisado que en las últimas promociones de Mossos ha entrado ‘de todo’. Pero aún así, ha sido la denuncia social y el trabajo de entidades y decenas de personas hartas del abuso policial impune las que, tras décadas de trabajo, han solidificado esa conciencia social contra los abusos. Y eso da un nivel de autodefensa colectiva nada despreciable.
-¿E ICV? ¿Cuál crees que es su papel en esta obra? ¿Realmente Saura es el jefe de la policía en Catalunya?
Ufff. Lo de ICV roza el sainete esquizofrénico. Por supuesto que Saura reina pero no gobierna en los Mossos. La estructura jerárquica de mandos viene definida hace tiempo y quien define el modelo de seguridad pública catalán es Joan Delort, peso pesado con CiU, con el PSC y con ICV-EUiA. Los gobiernos cambian y la policía permanece, que diría Costa-Gravas. Con todo, fue Saura quién tomó personalmente la decisión de comandar Interior, tras las últimas elecciones y tras demandar ICV una nueva consejería motivada por su ascenso electoral que garantizaba la reedición del tripartito. El espejismo es que aún se crean que pueden modular a la policía, tan sensiblemente estratégica y tan ‘razón de estado’, en estos tiempos de gobernabilidad autoritaria via cultura del miedo y obsesión securitaria. Al fin y al cabo, la última crisis respecto a las brutales cargas contra el movimiento estudiantil se ha cerrado con la impunidad decretada por el propio Saura (ninguna investigación, ninguna depuración) y con el refuerzo de los que mandan: todo el Poder para Delort. Esa es la paradoja de la democracia autoritaria de mercado: que son los ‘ecosocialistas’ los que ‘formalmente’ comandan la represión. Ellos sabrán porqué.
-”Crónicas del 6”, a parte de todo lo que hemos explicado, es un libro bello porque relata también la esperanza. ¿Qué decir a los que leyéndolo piensen que “no hay nada que hacer”?
Pues que en el fondo, casi sin darnos cuenta, hemos hecho mucho. Y que queda muchísimo más por hacer. Y que la coherencia y la desobediencia y la solidaridad dan sus frutos. Aunque cueste, no hay que perder la paciencia. La última crónica de ‘Crónicas del 6’ se escribió hace sólo un mes. El inspector Martin Pujal, alias ‘Jordi’, máximo responsable del Grupo 6, ya está en la cárcel. Paradójicamente, por ‘asociación ilícita’, su acusación preferida contra los movimientos sociales. El máximo responsable de la represión contra la disidencia fue detenido con cocaína, 45 pasaportes y joyas robadas en su taquilla personal en una trama de sobornos, corrupción policial y proxenetismo donde estaba vinculado con un alto dirigente del PP catalán. Bueno…. El tiempo da y quita razones. Aunque 13 años después, eso si. Síntoma que la lucha es larga. Y al mismo tiempo, constatación de la fertilidad del compromiso, de la gran alternativa que es la memoria y de que ningún gesto es inútil nunca. Cualquier gesto suma, y acaba agregándose y multiplicando la esperanza, en el tajo por la transformación social y la emancipación colectiva. Y la revolución útil es esa: la cotidiana. Creo que eso es lo que hemos aprendido modestamente esta generación nacida en la democracia de la amnesia, que ha encontrado en la memoria y la coherencia su mejor arma. Muy a pesar del Grupo VI y los que les mandan.